Has crecido soñando,
Entre arena y tendido,
Hoy tú eres maestro,
La figura que has prometido.
Tu nombre ya no es desconocido,
Joven promesa, gran recortador,
Todos aclaman a ese torero,
Que con arte y toreria, demuestra su valor.
Cita desde los medios,
Templando su andadura,
Aguanta la carrera,
Ajustando un toque de cintura,
Concurso tras concurso,
Te veo ahí... Luchar,
Aún no llego el momento,
De estallar de felicidad.
Sabemos que ese día llegara,
El tendido y la cuadrilla esta contigo,
Y la arena se empañara,
De lágrimas de un sueño conseguido.
Una vez un amigo,
me preguntó que era el arte,
mi mente se mantuvo,
al no poder contestarle.
Fué una pregunta...,
fácil de preguntar,
complicada de responder,
imposible de expresar.
Solo hay unos pocos,
que esteriorizan con facilidiad,
pues amigo tu eres arte,
y arte es recortar.
Bailo con la muerte,
ante las astas de mi enemigo,
saliendo airoso del embroque,
pues mi hazaña he conseguido.
Los tendidos se alzan ante mis ojos,
sueño de todo recortador,
el espectáculo a concluido,
y el rojo fuego de la sangre el albero no manchó.
Pocos días me quedan,
A la arena tengo que saltar,
Muchos amigos y aficionados,
Por mi arte apostaran.
Mi cuerpo nota el miedo,
Mi corazón la presión,
Mis largas noches en vela,
Hasta que llegue mi actuación.
Llego el día de la verdad,
En mi tengo que confiar,
Una mirada en casa dejo atrás,
Se que teme por mi seguridad.
Tras la barrera me encuentro,
Beso mi medalla que me protegerá,
Familiares y tendido confían,
Que recortare en la final.
Se abren puertas para mi turno,
No me gusta como va,
Corta, cabecea y mira,
Mi tensión en aumento va.
Dos recortes ya le han dado,
A sangre huele la arena,
Pero no puedo defraudar,
A quien por mi apostara.
Sale a mi encuentro cortando,
En sus ojos me reflejo,
Aprieto los ojos en el embroque,
Esperando que empitone mi cuerpo.
Tras ese segundo inexplicable,
Observo y salto hacia el pasillo,
Y veo que el tendido responde,
Sabiendo que el pitón cerca he tenido
Una vez mas la presión,
Mi cuerpo ha contenido,
Abro la puerta de nuevo,
Tras ella una mirada de alivio.
Cúbrete nuevamente los ojos padre,
El cohete se hizo sonar,
Saldré a correr este encierro,
Y en la plaza nos hemos de encontrar.
Derrotaran los toros a los lados,
El peligro constante estará,
Apostare mi vida en el envite,
Aun sabiendo que a mí favor no estas.
Me has advertido tantas veces,
Que la próxima en casa no entraré,
Pero no puedo dejarme esta espina,
Y un día preguntarme lo que pudo ser.
Algún día seré reconocido,
Y tus ojos destaparas,
Pero se que tu corazón encogido,
Siempre en la plaza tendrás.
Siento tu tensión en el tendido,
Y en ti no dejo de pensar,
Pero cuando corro delante del toro,
Somos el y yo nada mas.
Es cuando soy yo verdaderamente,
Como tú de pequeño me decías:
¡Serás algo grande, hijo
Que nunca la vida te lo impida!
Hoy te aplico estas palabras padre,
Esto es lo que de verdad llena mi corazón,
Y si la vida un día elige arrancármelo,
Me voy luchando por mi afición.
Espero tras la puerta,
La hora cercana está,
Todo mi temple, toda mi alma,
En la arena tengo que demostrar.
Beso mi virgen y cierro los ojos,
La imagen de mi madre conmigo va,
Que dios reparta suerte compañeros,
A la arena hemos de saltar.
Salimos uno a uno,
Mi nombre se pronunció,
Emplazado en el albero,
Al tendido miro con atención.
Sale el toro de mi grupo,
Un toro limpio en su hechura,
Me enhilé a su presencia,
Llamo su atención, observa mi andadura.
Lleva el corte perfecto,
Yo me acerco más a el,
Quieto me quedo esperándole de espaldas,
La tensión en el coso se puede oler.
Pocos metros nos separan,
A gran velocidad llega a mí,
Piso hacia la izquierda, giro,
Derecha y embroca tras de mí.
La segunda ronda ha llegado,
En ella me tengo que emplear,
Pues es lo definitivo,
Para llegar a la final.
Aconchado en tablas,
En carrera le voy llamando,
Y al punto justo de mi espalda,
Ajustado recorte, mi camisa va desgarrando.
El tendido ovaciona mi hazaña,
Llega la hora de la verdad,
Los nombres de los clasificados,
A punto están de dar.
Terminan de nombrar a todos,
Mi nombre ente ellos no está,
Yo no soy clasificado,
Pero he hecho mi sueño realidad.
He recortado con recortadores con solera,
Los focos de las ventas me iluminaban,
Mi madre en el tendido observó,
Que estaba entregado de cuerpo y alma.
Allí donde el latido aumenta,
Allí de donde la sangre fluye,
Es donde reside la afición,
Que a ti tanto me une.
Estas presente en mi carrera,
Tú soportas mi presión,
Acelerando el pulso de mí angustia,
De la agonía y el valor.
Dándome en cada paso,
La energía para continuar,
Para terminar el recorrido,
Donde allí te descansaras.
A ti, corazón torero,
Donde concentras mi afición,
Late al compás de la manada,
Que es donde reside mi pasión.
Hoy en el tendido,
Bajo la lluvia observe,
Como 18 niños disfrutaban,
Y mostraban su arte sin querer.
Presentaban uno a uno,
Cada uno con su maestría,
Con mas o menos arte,
Conociendo lo que les esperaría.
Unos citaban de rodillas,
Otros recortes definían,
Otros intentaban saltos,
Que ese toro de cartón, difícil se lo ponía.
Pues no levantaban altura,
Metro y poco quizá el mayor,
Pero hubo uno…
Que especialmente me llamo la atención.
Su mirada era escondida,
La timidez le apoderaba,
Pero ante el carretón,
Totalmente la olvidaba.
Cita a pies juntos,
Andaba cortando el viaje,
Y ante la cara del carretón,
Embrocando con mucho arte.
Cerró rodando con maestría,
Y hacia tablas salía,
Donde su compañera timidez,
A él de nuevo volvería.
Fue campeón esa tarde,
Quizá una infantil promesa nacía,
Que desde los ojos del tendido,
Aposté que en años gran recortador seria.
Allí donde ellos se reúnen,
A contemplar a los diestros cada tarde,
Les acompaña un joven torero,
Con unos ojos envidiables.
No rebasa el metro de estatura,
Sus ojos zainos como el carbón,
En el brillo de ellos se refleja,
Que torear es su pasión,
Atento frente a la pantalla,
Sin pestañear a penas observa,
Marcar sus primeros lances,
Con su pequeña y admirada muleta.
Presenta su montera al camarero,
Y brinda su suerte con toreria,
Todos mantienen la mirada,
El arte en su figura se veía.
Ando hacia los medios de salón,
Tres templados pasos le daría,
A ese toro imaginario,
Que sin duda el veía.
Esbelta silueta para el volapié,
Hacia la cruz con su estoque,
Y en un desplante se fundió,
Y recogió su montera en el borde.
Calurosa ovación en la taberna,
Que con sus 5 años la emoción contenía,
De haber sido por una tarde el torero,
Que en esa tarde, a hombros saldría.
En sus ojos la afición,
En su casta maestría,
En su alma corazón,
En la plaza agonía.
Es la definición,
Del temple de su humildad,
Disfrutando de su pasión,
Y agradeciendo su amistad.
Disfruto llevándola a los toros,
Por que en su rostro veo brillar,
Ante la arena, ante el encierro,
Cúmulo que la hace soñar.
En febrero conocerá un sitio nuevo,
Y aseguro que la enamorara,
Pues para todo taurino hay un día,
Que no se puede olvidar.
En el que te alejas de casa,
A reencontrarte con tu afición,
Donde tú solo eres testigo,
Que la amistad y los toros,
Tocan el fondo del corazón.